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domingo, 15 de abril de 2012


Este bebé mosho que bien negadito andaba... tú muy bien y cuéntaselo a quién más confianza le tengas...



A medida que cumplo años y sobre todo que comparto tiempo con otros profesionales me doy más cuenta de la importancia de decir “no”. Como fórmula para centrarte en las tareas y actividades importantes, como remedio para evitar la saturación y el desbordamiento, y como respuesta a la pregunta «¿cómo hago para hacer lo que siempre quise hacer pero siempre me veo obligado a posponer?»

Nuestra taza rebosa, nuestro puzle tiene muchas piezas, nuestro plato está lleno. Y sin embargo nos empeñamos en aceptar nuevos compromisos y un sinfín de cosas más. Cosas como una nueva colaboración que nos proponen, un proyecto que sobrevuela y el cuerpo nos pide hacer, absorber más información online/offline, abrir una nueva cuenta en tal nueva web de la que todo el mundo habla, instalar nuevas y sugerentes aplicaciones o, directamente, inventarnos tareas basura que no valen para nada.
¿Y por qué nos cuesta tanto decir “no”? Dicho de otro modo: ¿Por qué somos tan propensos a decir “sí” y cargarnos de más cosas? Porque decir sí es rápido: no te obliga a pensar y elegir; porque es conveniente: quedas bien con los demás y transmite una mejor imagen de ti; porque es cómodo: en lugar de decidir por prioridades miras hacia otro lado y eliges lo que tenga más “azúcar”, como un niño.
Pero decir “sí” a todo, no saber decir “no”, significa pagar un precio alto. Sumar lleva a saturar, y la saturación conduce al exceso y la desorientación. Al final necesitaríamos 17 vidas para hacer todo lo que nos gustaría. Y claro, después de las 17 vendrían otras 17 más…
Hay que decir “no” a mil cosas para estar seguro de que no te estás equivocando o que intentas abarcar demasiado.
— Steve Jobs
¿Por qué hay que decir “no” cuando lo que me pide el cuerpo e incluso todo el mundo a mi alrededor me empuja a probar, hacer y colaborar en todo lo que se ponga por delante? ¿Por qué es importante empezar a decir “no”?
Porque al decir “no” podrás hacer las tareas importantes mejor, a conciencia… poniendo calidad, creatividad y talento en los detalles que marcan la diferencia y dejan huella.
Porque al decir “no” tendrás tiempo y atención para volcarte en tus prioridades. Personales y profesionales. Las cosas que son importantes y que cuentan para ti. Las cosas, las personas, por las que merece la pena estar aquí.
Porque al decir “no” disfrutarás de tiempo extra para empezar cosas que siempre quisiste hacer y que una y otra vez te viste obligado a posponer.
Porque al decir “no” podrás vivir y hacer las otras cosas más conscientemente; y las podrás saborear a fondo, sin la sensación de ser un títere manipulado por una agenda siempre saturada.
Porque al decir “no” podrás experimentar una sensación de libertad y liberación sin igual. Te demostrarás a ti mismo que tienes los mandos y el control de lo que haces. Que todavía puedes elegir, hacer y vivir sin tener que actuar como un coche teledirigido.
Decir “no” cuesta horrores, sin duda. Pero cuesta mucho menos cuando tienes claro lo que quieres, cuando tienes un porqué y sabes que hay cosas mucho más importantes que la incomodidad o el mal trago de rechazar algo nuevo. Cosas como tu capacidad parar invertir en tus prioridades verdaderas para vivirlas más intensamente. Libertad para elegir según tus principios y caminar con menos peso a la espalda. O inteligencia para administrar tus fuerzas y no desgastarte gratuitamente en cosas que no aportan. Creo que son razones poderosas para empezar a practicar el “no”.

jueves, 12 de abril de 2012




He aqui una muestra de verdadera pureza... no cabe duda que los pequeños nos hacen ser más felices... si no acostumbras reírte...  ahí te va una ayudadita...



La risa es una respuesta biológica producida por el organismo como respuesta a determinados estímulos, fundamentalmente al estrés. La sonrisa se considera una forma suave y silenciosa de risa. Actualmente existen diversas interpretaciones acerca de su naturaleza. Los estudios más recientes, de gran repercusión, son los realizados desde 1999 por Robert Provine, neurobiólogo del comportamiento de la Universidad de Maryland, quien sostiene que la risa es un «balbuceo lúdico, instintivo, contagioso, estereotipado y de control subconsciente —o involuntario— que raramente se produce en soledad». En los seres humanos, la risa se inicia hacia los cuatro meses de edad, y, según los recientes estudios científicos, constituye una forma de comunicación innata heredada de los primates e íntimamente relacionada con el lenguaje.
En cambio, para otros autores, como Charles R. Gruner, de la Universidad de Georgia, la risa es una reminiscencia o sinónimo del grito de triunfo del luchador tras ganar a su adversario. Asegura que en todas las manifestaciones de humor existe un gesto de agresión, incluso en los casos más inocuos. Según Gruner, «incluso un lactante se ríe, no como manifestación de agradecimiento, sino porque consiguió lo que deseaba».El filósofo John Morreall sostiene que el origen biológico de la risa humana pudo estar en una expresión compartida de alivio tras pasar el peligro; la laxitud que sentimos tras reírnos puede ayudar a inhibir la respuesta agresiva, convirtiendo la risa en un signo de conducta que indica confianza en los compañeros.
En cualquier caso, existen investigaciones recientes realizadas tanto en orangutanes como en chimpancés que sugieren que estos son capaces de reírse, con lo cual la risa sería de origen evolutivo y genético.
Popularmente se la considera básicamente una respuesta a momentos o situaciones de humor, como expresión externa de diversión, y relacionada con la alegría y la felicidad, aunque la risa, según numerosos estudios, como los de Robert Provine, está motivada por un estímulo cómico en una minoría de los casos cotidianos. Suele aparecer, de forma más o menos simulada, como complemento emocional de los mensajes verbales, así como en situaciones de estrés o en conductas de tipo lúdico como las cosquillas.
Algunas teorías médicas atribuyen efectos beneficiosos para la salud y el bienestar a la risa, dado que libera endorfinas.